La riqueza es lo que quieres. La riqueza son activos que generan ingresos mientras duermes. La riqueza es la fábrica, son los robots que producen cosas sin parar. La riqueza es el programa informático que funciona por la noche atendiendo a otros clientes.
La riqueza es incluso el dinero en el banco que se reinvierte en otros activos y en otros negocios. Incluso una casa puede ser una forma de riqueza, porque puedes alquilarla, aunque probablemente sea un uso menos productivo del suelo que montar una actividad comercial. Así que mi definición de riqueza tiene mucho más que ver con negocios y activos que generan ingresos mientras duermes. Quieres riqueza porque te compra la libertad.
Para no tener que llevar una corbata como si fuera un collar al cuello. Para no tener que levantarte a las siete de la mañana, ir corriendo al trabajo y quedarte atascado en el tráfico. Para no tener que malgastar tu vida entera quemando todas tus horas productivas en un trabajo sin alma que no te llena. Así que el propósito de la riqueza es la libertad.
No es nada más que eso. No es para comprar abrigos de piel, conducir Ferraris, navegar en yates o recorrer el mundo en tu Gulfstream. Todo eso se vuelve muy aburrido y muy estúpido, y muy rápido. En realidad es para que seas tu propio individuo soberano.
No vas a conseguirlo a menos que lo desees de verdad. El mundo entero lo quiere, y el mundo entero se esfuerza por conseguirlo. Hasta cierto punto, es competitivo. Es un juego de suma positiva, pero tiene elementos competitivos.
Porque ahora mismo la sociedad tiene una cantidad finita de recursos. Para conseguir los recursos que te permitan hacer lo que quieres, tienes que destacar. El dinero es la forma en que transferimos la riqueza. El dinero son créditos sociales.
Es la capacidad de tener créditos y débitos sobre el tiempo de otras personas. Si hago bien mi trabajo, si creo valor para la sociedad, la sociedad me dice, vaya, gracias. Te debemos algo en el futuro por el trabajo que hiciste en el pasado. Aquí tienes un pequeño pagaré. Llamémoslo dinero.
Ese dinero se devalúa porque la gente roba los pagarés. El gobierno imprime pagarés de más. La gente no cumple sus pagarés. Pero el dinero intenta ser un pagaré fiable de la sociedad, que dice que se te debe algo por algo que hiciste tú, o quien te dio el dinero, en el pasado.
Podemos pasarnos estos pagarés de unos a otros. Así que el dinero es la forma en que transferimos la riqueza. En el fondo, hay dos grandes juegos a los que la gente juega en la vida. Uno es el juego del dinero.
Porque el dinero no va a resolver todos tus problemas, pero sí va a resolver todos tus problemas de dinero. Creo que la gente lo sabe. Se dan cuenta, y por eso quieren ganar dinero. Pero, al mismo tiempo, muchos creen en el fondo que no lo van a conseguir.
No quieren que se cree riqueza. Así que presumen de virtud atacando todo el proyecto y diciendo que ganar dinero es malo y que no deberías hacerlo. Pero en realidad están jugando al otro juego, que es el juego del estatus. Intentan tener un estatus alto a ojos de quienes los miran, diciendo que ellos no necesitan dinero, que no lo quieren.
El estatus es tu posición en la jerarquía social. La riqueza no es un juego de suma cero. Todo el mundo puede tener una casa. Que tú tengas una casa no me quita la posibilidad de tener una.
Al contrario, cuantas más casas se construyen, más fácil resulta construirlas, más sabemos sobre cómo construirlas y más gente puede tener una. La riqueza es un juego de suma muy positiva. Creamos cosas juntos. Estamos empezando este proyecto para crear una obra de arte que explique lo que hacemos.
Al final, habremos creado algo completamente nuevo. Es un juego de suma positiva. El estatus, en cambio, es un juego de suma cero. Es un juego muy antiguo.
Lo jugamos desde los tiempos de las tribus de monos. Es jerárquico. ¿Quién es el número uno? ¿Quién es el número dos? ¿Quién es el número tres?
Y para que el número tres pase a ser el dos, el número dos tiene que dejar su puesto. Así que el estatus es un juego de suma cero. La política es un ejemplo de juego de estatus. Incluso el deporte es un ejemplo de juego de estatus.
Para que haya un ganador, tiene que haber un perdedor. En el fondo, no me gustan los juegos de estatus. Cumplen un papel importante en nuestra sociedad, porque nos permiten saber quién manda. Pero, en el fondo, los juegas porque son un mal necesario.
Desde el punto de vista evolutivo, si te remontas miles de años atrás, el estatus predice la supervivencia mucho mejor que la riqueza. Antes de la era agrícola no podías tener riqueza, porque no podías almacenar cosas. Los cazadores recolectores lo llevaban todo a la espalda. Así que los cazadores recolectores vivían en sociedades basadas por completo en el estatus.
Los agricultores empezaron a pasar a sociedades basadas en la riqueza. Y las economías industriales modernas son sociedades mucho más basadas en la riqueza. Siempre hay una competencia sutil entre el estatus y la riqueza. Por ejemplo, cuando los periodistas atacan a los ricos, o a la industria tecnológica, en realidad están pujando por estatus.
Están diciendo que no, que el pueblo es más importante. Y que ellos, los periodistas, representan al pueblo, y que por tanto ellos son más importantes. El problema es que, para ganar en un juego de estatus, tienes que hundir a otra persona. Por eso deberías evitar los juegos de estatus en tu vida, porque te convierten en una persona enfadada y combativa.
Siempre estás luchando por hundir a los demás y por elevarte a ti mismo y a la gente que te cae bien. Los juegos de estatus siempre van a existir. No hay forma de evitarlo, pero date cuenta de que, la mayoría de las veces, cuando intentas crear riqueza, alguien te está atacando mientras intenta quedar como un santurrón. Intentan subir su propio estatus a tu costa.
Juegan a un juego distinto. Y es un juego peor. Es un juego de suma cero, en lugar de uno de suma positiva.